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Cambia tu mirada al síndrome del impostor, ese extraño aliado

  • Juan
  • 7 ago 2025
  • 4 Min. de lectura

El síndrome del impostor es una experiencia interna de duda persistente sobre las propias capacidades, acompañada por el temor a ser descubierto como un fraude, a pesar de tener logros o reconocimiento externo. Las personas que lo padecen tienden a atribuir su éxito a factores externos como la suerte, el azar o la simpatía ajena, en lugar de reconocer sus habilidades o esfuerzo. No importa cuán competente o preparada esté una persona: la sensación constante de “no estar a la altura” puede limitar su desarrollo personal y profesional.


¿Impostor o aprendiz?

Este fenómeno no discrimina. Afecta a estudiantes, profesionales, artistas, académicos y líderes. Es más común de lo que parece, pero su efecto suele ser silencioso. ¿Por qué sentimos esto, si objetivamente estamos haciendo las cosas bien?


Una mirada interna: no eres tú, es sólo una parte

Desde un enfoque interno, podemos entender que no hay una sola voz dentro de nosotros, sino múltiples partes que cumplen funciones específicas. Algunas nos empujan, otras nos frenan, otras nos protegen. El síndrome del impostor no define a la persona: es sólo una parte que, paradójicamente, intenta ayudarnos.


Aunque incómoda, esta voz quiere protegernos de la exposición, del fracaso, de la crítica o de sentir vergüenza. Pero lo hace desde el miedo. Entender esto es fundamental: no busca nuestro mal, sino evitar un daño. El problema es que lo hace bloqueando, aislando, cuestionando o impidiendo avanzar.


En lugar de luchar contra esa parte, podemos empezar por escucharla: ¿Qué teme realmente? ¿Qué intenta evitar? ¿De dónde viene esa voz crítica? El simple acto de hacer espacio para esas preguntas abre posibilidades nuevas. Poco a poco, otras partes nuestras —más confiadas, realistas, o serenas— pueden tomar mayor protagonismo.


El síndrome del impostor es real — y normal

Aunque se le llame “síndrome”, esto no significa que sea una patología. En realidad, es una fase natural e inevitable en cualquier proceso de aprendizaje o cambio. Empezar algo —una carrera, un nuevo rol, un proyecto complejo— es, esencialmente, no saber.


No es síndrome, es normalidad

El problema no está en sentir inseguridad al principio. El problema aparece cuando esta fase es malinterpretada como señal de que “no vales” o “no deberías estar aquí”. En muchos entornos académicos y profesionales, se sobreentiende que uno debe saberlo todo desde el inicio. Esto genera culturas competitivas donde se confrontan varios síndromes del impostor, cada uno disfrazado de perfección o autosuficiencia.


Lo cierto es que nadie lo sabe todo. Lo sano sería normalizar esta fase de incertidumbre como parte del crecimiento. Reconocer que estar en una zona de no-saber es el punto de partida de toda evolución profesional y personal.


Una fase que debería impulsarnos, no detenernos

El síndrome del impostor debería ser una señal que nos impulse a dar pasos, a aprender más, a especializarnos, no un freno. Si se comprende como una etapa natural, puede ser el motor que nos lleve a una mayor preparación, curiosidad y humildad profesional.


Una fase del desarrollo profesional

Sin embargo, si se interpreta como un “fallo personal”, puede producir bloqueo, evitación y estancamiento. Esto tiene consecuencias: se evita hablar, participar, asumir nuevos retos. Internamente, pueden surgir pensamientos como: “¿Quién te crees que eres?” o “Cuando descubran que no sabes, todo se acabará”.

A veces nos estancamos porque asociamos el error con humillación, o porque hemos vivido experiencias de crítica constante. Identificar estas vivencias, darles espacio y permitir que se expresen es un paso necesario para desbloquear el proceso.


El síndrome del impostor como parte protectora

La clave está en dejar de ver al síndrome del impostor como el enemigo. Podemos practicar algo transformador: hacernos amigos de esa parte.

Síndrome como protector

Cuando esa voz diga: “No estás preparado”, en lugar de discutir con ella, puedes responderle:—Gracias por intentar protegerme. ¿Qué es lo que más temes?


Este tipo de diálogo interno permite que esa parte se relaje. Descubrirás que no intenta dañarte, sino evitar que sufras. Y al conocer sus temores, puedes permitir que otras partes también se expresen: la que reconoce tu esfuerzo, la que valora tu proceso, la que confía en tu capacidad de aprender.


Así, el síndrome del impostor deja de tener el control. No desaparece, pero pierde su dominio. Ya no define lo que haces, simplemente te acompaña desde otro lugar.


Cambia tu mirada al síndrome del impostor.

Esta es una de las prácticas más liberadoras, verlo desde otra perspectiva. Verlo como una parte. Tú no eres tu síndrome del impostor, es sólo una parte entre muchas. Quizá muy activa, quizá muy dominante, pero sólo eso: una parte.


Cuando dejas de identificarte con esa voz, puedes tomar decisiones más alineadas con tu autenticidad. Aparece el espacio interno suficiente para escuchar otras voces. Así se fortalece tu núcleo interno sabio, compasivo y claro, desde donde puedes liderar tu camino con mayor equilibrio.


Recuperar el equilibrio

De la visión de déficit a la actitud de aprendiz

El gran giro está aquí: dejar de ver el síndrome del impostor como un déficit, y comenzar a verlo como señal de que estás creciendo. Es, de hecho, un indicador de que estás fuera de tu zona de confort, explorando nuevos territorios. Cambia la mirada, contempla tu síndrome del impostor como un resorte que activa ese punto de ansiedad sana y necesario en fases de absorción de conocimientos nuevos.


Lo que marca la diferencia no es “saberlo todo”, sino tener una actitud de aprendiz constante. La learnability, o capacidad de aprender, es una habilidad clave del presente.


Lo que hoy no sabes, puedes aprenderlo. Lo que hoy dudas, puede volverse tu fortaleza.

No saber no es el problema. El problema es paralizarte. Cultivar una relación amable con tus partes críticas y temerosas te permite avanzar con mayor ligereza y autenticidad.


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En Juan Badía Psicología te acompañamos a comprender y transformar estas dinámicas internas con un enfoque respetuoso, compasivo y eficaz. Estás a un paso de salir del bloqueo y convertir la duda en oportunidad.


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